Oda Neperiana



No hay nada que le podamos ocultar a nuestra señora la mestiza de Lazarte si está sobre nosotros donde tan fácil para ella es penetrarnos y dejarnos retorcidos tal moscas aplastadas moscas verdes y amarillas moscas de la fruta virgen  la de  medianoche la de Daniel Santos ante la cual se prenden estrellas entre velas al pie de un manto cristalino nuestra señora que amó a la sombra temblorosa en la floresta derretida de Endimión el flaco


(su carita es de yute fosforescente así debe ser el sol devorado entre sus venas su accidentada faz traza el palpitante camino para el conejo lunar qaqcha maki de la tarde a punto de saltar lejos de la noche)

lo que nos repudia del brillo de nuestra señora es su origen la copula imposible que la marca es que ella no debería tener impedimento para realizar obtener cazar lo que desea poseer su deseo las nalgas de Endimión el flasco con los dientes privilegio de dioses aquella frustración que la viscosa tradición de los neo-ge-latinos atribuyen a diana una aberración a la divinidad presunción antropocéntrica total somos el ombligo salido del universo mis gases crean galaxias nebulosas gusanos supernovas alimañas que nos reptan entre las piernas mientras soñamos

para eso y contra aquello
mis sencillos y devotos padres me ofrecieron
a nuestra señora
y su manto
rasgado como las olas nocturnas que cubren la cabeza
del mago de la sinestesia Verástegui
el negro peregrino de la ideia
cayendo en cascada
deshaciéndose en espuma
no muy lejos
del sapo que tritura flores de azahar en su mortero
con el que nuestra señora domina
y perfuma las mareas

para ella que todo sea amor no es una presunción descarada sólo para nosotros como bien lo advirtió con irónica rebeldía un cavalo chamado Agenor quien dio al amor ese cuerpo transparente que damos forma con la vacuidad y la plenitud de nuestro cansancio aunque al propio Agenor nunca le bastó
siendo exagerado
de más
fue su densa fragilidad la bruma el sudor de la tarde le devoró la belleza y se la fue chupando chupando como una experimentada felatriz

nuestra señora a la par que la parca mora en gotas sobre nosotros podría ir chupándonos la carne ahora mismo secándonos lentamente desde cada poro sin que nos diéramos cuenta con cada bocanada llevándonos a nuestra mínima magnitud un cascarón de barro seco al ocaso al viento de los metales lanzando por cortesía
polen que es ceniza

(tus pestañas vuelan igual
a las plumillas dientes de león
cuando las soplo)

ese poema de Jorge Eduardo
le dije a la de gruesos tobillos
empieza donde se abre un cuerpo
al que nunca pudimos entrar
sentados en un parque
hablando a buen recaudo
de nuestra señora que nos abraza
lanzando volutas de humo azulado
como medida de toda transfiguración
—la gente está loca!—



img: tomada de ffffound!

Exitus


Gracias a la idea de S, hemos colaborado para hacer un collage de fotos con todos nosotros para la buena de QWERT. La idea es hacerle sentir que la queremos y la vamos a extrañar. Ayer por la tarde tuvimos el primer boceto del collage, era un amasijo informe de fotos pegadas sin orden ni concierto. Al pedir mi opinión no pude dejar de ser honesto. Les dije que era demasiado caótico y que me producía un vértigo atroz. Es más, agregué que, considerando el delicado estado de QWERT, probablemente terminaría vomitando cuando viera la muestra de nuestro aprecio. Aclaré, por supuesto, que el vomito no se produciría por los fotografiados, fantoches oficinistas hembra y macho, sino por la desordenada disposición de las imágenes. Ante mi implacable crítica, mis queridas S, C y C me encararon a quema ropa, con justa razón, que entonces debería proponer cómo se verían mejor las fotos de 40 personas en una hoja A4. Con todo el cariño del mundo por QWERT, mi sugerencia sólo se refirió a las letras que componían la dedicatoria y el acróstico con su nombre. Un listado de sus cualidades, muy ciertas todas. Sólo propuse un retoque, un detalle. El acróstico lo concibió G, tenía su toque, una nota alta, una corchea negra y elegante. Finalizaba con la mansedumbre y jovialidad de QWERT inundando nuestra mirada y dejándonos por simple física los ojos llenos de ondas, suaves olas, como las que produce la caída de una hoja sobre un estanque. Sin embargo, a mi modesto parecer, la idea del acróstico no resonaba en toda su plenitud. Como la mirada no es lo mismo que el corazón, ya que es sólo su reflejo, propuse el cambio prestidigitador. Corazón por Mirada. QWERT hace vibrar nuestros corazones fue el mensaje final del acróstico y mi humildosa contribución. Corazón por Mirada. Concedo que el lector con dos dedos de gusto haga una casi mueca, un mohín de repulsión. Entendería, incluso, su desprecio, pues yo mismo he tapado los pequeños chorros de sentimentalismo con garrafas de humo fino y anémicas actitudes cínicas. Obviamente, todo eso sólo me ha dejado embarrado con la mirada desaprobatoria y el rictus rígido de mi auditorio. Como sea, mi contribución es de corazón, no tan vasto y brillante como el de QWERT, quien sin duda se lo merece todo, y no sólo desde ahora, que está en el umbral de su exitus, el que ya nos tocará, sino siempre.






POSDATA


Lamentablemente, QWERT nunca vio la muestra de nuestro profundo aprecio. Su exitus, a pesar de esperado, fue repentino y sentido. Ahora vive en nuestros corazones.

A quien todo le duele es porque viaja sentado


Las versiones del mundo son barcos que navegamos con cierta presunción de creer que en él llevamos a los nuestros, aunque lo usual es que la mayoría, por querer viajar acompañado, aborde la finca más grande y espaciosa y otra vez glande, donde todos lleguemos sentados sólo con rozarnos o darnos una que otra mirada escondida, digna de traficantes de órganos humeantes. Estos barcos tienen que sortear escollos y costras levantadas, o sea, lo que hay debajo de ellas, sangre seca y revuelta como medusas en la arena. No zozobrará si te amarras a su mástil y te vuelves su eje, lo que la equidistancia del cielo y el mar, lo blanco y lo azul o azul y amarillo. Ahora bien, hay que reconocer que cada embarcación, como a cada pescado le pertenece su hedor, le corresponde una singular naturaleza, ya sea de madera o de plumas y/o ambas. Ello es la vorágine de los indecisos, leporelos crudos, quienes al optar por una resolución deben atravesar muros de marejadas enhiestas, una fila de pelillos erizados, tal partisanos a punto de ser fusilados, por la electricidad del cuarto menguante. Y no sólo eso, sino que tendrán que esquivar los escupitajos, desde las esclusas, de los lirondos caballitos de mar, leporelos cocidos y fosforescentes, buenos para nadar en cualquier rugosa superficie: una mano roída por los gusanos o una ensalada de queloides en la cara. ¿Acaso puedes brillar sobre una mesa de plumas o en su defecto volar con astillas en la silla? Si tu respuesta es sí, entonces, infecta alma caritativa, llévame en tu viada.

Charly



Gato de Metal


Yo soy un gato de metal
vivo en un agujero
tengo una ansiedad
como de año nuevo.
Nunca sé dónde estoy
nunca sé dónde voy
tengo miedo de la escena de la calle
tengo miedo que en la calle no haya nadie
esa es la rapsodia
de los que decoran el tiempo.
Por eso vivo en los tejados
viajo en subterráneo
amo a los extraños
mi comodidad sólo es mi aventura
nunca será igual
nunca nada dura.
Vos te querías comprar un perro?
pero soy un gato
Vos te querías comprar un perro?
pero soy un gato.


* del Filosofía barata y zapatos de goma (1990)

Lista insulsa con juicio estético


1.- Rechacé las habitas fritas de Alicia en el país de las delicias, pues hoy a mis muelas las siento blandas.

2.- Desayuno de media mañana; brownie de la risa con pecanas pasas y el amor maternal de mi compañera de oficina es un tamal grande.

3.- Mi estómago naturalmente es el mar rojo; en él zozobraría cualquier embarcación con nombre de mujer

4.- Y el efecto del brownie que llega piano.

5.- Pianissimo.

6.- De pronto me hallo en una marea de mesetas.

7.- Exagerado ya me conquistó.

Magoa

I
Me pregunto
si me despertará
la luna
antes que desaparezca
como una moneda
en el bolsillo

II
la amistad de las polillas
a fines del verano
es señal del buen
augurio su vuelo
es humo
donde se refleja
desenfocado y
desafinado

III
mi sino
está
en la silueta afilada
de los cerros
mi edad para ellos
es un guiño un raspón
el estornudo con el que
dispersan las generaciones

Exoesqueleto



Yo sólo soy un medio
un conducto tendido a lo largo
de la herida Soy hueco
como un cable de electricidad
Me lleno con lo que me toca
puedes atravesarme con una sonrisa

El dorado era un chamo
que perdimos una noche
en el humo de nuestra desbocada amistad

La hija de la lágrima es una gota de mercurio
dorada por la luz de charly júpiter y la cruz del sur


*imag: exoesqueleto de erizo de mar proporcionado por la dadora de parabienes, joanina

Sólo si fuera de a dos


Las gasas de la amistad no se deberían manchar con el deseo.
Mi deseo me hace naufragar. Me enturbia con su disposición
a la caricia, al juego suave. Y una caricia zozobra cuando no hay deseo.


imagen tomada de FFFFOUND!!!!

Retrato de familia

El padre ensucia
la bien dispuesta mesa
la madre funciona bien
la hija se transparenta
por la abundante regla
el hijo humea
su indiferencia

Nadadora de tabaco



Salir a flote no es fácil en una oficina que parece una cuyera siniestra. Trabajamos recluidos de la luz natural, inhalando nuestras exhalaciones y demás tóxicas emanaciones, esquivando cual contorsionista los verduguillos helados que nos lanza, si no nuestros compañeros, el malogrado aire acondicionado. El que menos tose. Maconinha, por ejemplo, que lleva un cinturón de huayruros para evitar el mal de ojo sobre su antífona, tiene accesos de tos tan fuertes que no es raro verla mudar su habitual palidez pintarrajeada a un tono violeta parecido a la tísica flor de papa. Como decía, no es fácil salir a flote de este pantano de pantallas sino fuera por la música que me acompaña en mis horas de hastío, es decir, de trabajo. Ahora mismo navego la gitana península de los metales con Beirut y su Gulag Orkestar. En ella confino mis afilados huesos y mis escasos minutos de lucidez se van flotando. Así pierdo el tiempo con la sensibilidad agudizada por mi falta de vergüenza. Ya se ve que la naturaleza humana es sabia, compensa nuestros inefables yerros con imaginarios atributos. En todo caso, puedo decir que soy tan ligero que la música resulta suficiente para hacerme flotar por sobre mis compañeros de oficina. Desde aquí los veo tan pequeñitos como hormigas ajetreadas, corriendo de un lugar a otro, envueltos en cosas tan dulces e insignificantes como redactar memos y oficios inútiles. o sea, basuritas melosas con las que se entretienen los oficinistas y, claro, las moscas. En medio de esas corrientes oscuras, por las moscas, me encontré con G, alta y robusta, y con la medida justa de audacia para vestir. Verla envuelta en un manto morado sobre un vestido negro de falda larga anudado por un cinturón andino muy colorido, que debe tener algún nombre quechua que aun no puedo memorizar, es una experiencia antropológica. G tiene la talla del lanzón monolítico de Chavín, así que verla con lo dicho puesto te da la sensación de estar viendo venir un elegante lanzón directamente a tus narices, es que su aprensiva belleza se impone de golpe, rotunda y sonora como una cachetada. Aunque al parecer de mis queridas amigas de oficina, G sólo se ve armoniosa, en especial, cuando más arriesgada es su indumentaria. Como sea, a parte de compartir el color modesto, G y yo tenemos la misma pasión por la música. Gracias a ella puedo dejar esta oficina bajo mis pies, y dejarme llevar por sus perfumadas volutas de humo de tabaco, pues, mi querida G es fumadora, y no cualquier fumadora, sino de la vieja guardia, y no por edad, malpensada lectora, sino por nadar, teniendo en cuenta que el alma adora nadar, según Michaux, a quien le creo más que a mi confesor, el purísimo alcohol. Porque con G no se conversa, se nada, así de agradable me resulta hablar, perdón, digo nadar con ella. Mi nado con G no sólo estimula la parte más pequeña y volátil de mi cuerpo, mi mente, sino toda su escueta presencia. Me baño de ella, me inundo de ella, de su atención prestada, de su humo, parte importante de su misterioso encanto, y de su talla. Le comparto mi música porque sé que luego voy a poder obtener toda su atención. Me escucha hablar sobre esta música celestial con la misma concentración que ponen los curas cuando, cual gatos al hacer sus necesidades, dan oración. Su sensibilidad sin duda le viene de su vocación por el arte, pues, además de ser madre de cinco adorables criaturas, a quienes cuida con el mismo esmero con el que trabaja, G es pintora.

Patricio


Gracias, Deuses,
por darme la tranquilidad
del ocio,
apenas iluminado por la
lumbre de mi pipa shipiba
y el humo de mis ojos,
la tranquilidad que es
también heredad
de mi familia,
mágica
sanadora
estelar,
el apacible remanso
para la sombra temblorosa

(jaenense en una hamaca = paisaje del espíritu)

Azul
como ojeras
de mujer

Juan Arvizu

Juan, las ojeras
de la chica verde, vegetariana
por su infinita bondad,
no eran azules sino
violáceas y su perfil
se me hacía dibujado
con tinta china, mas
nuestra amistad,
lontana, era
como esas nubes
de polvo que se levantan
en el desierto,
esfumando
el horizonte.

Confesión de Ricardo de Loureiro


(...)
-Ah, mi querido Lúcio -me dijo también el poeta-, cómo siento la victoria de una mujer admirable, tendida sobre un lecho de encajes, mirando su carne toda desnuda ... esplén­dida ... rubia de alcohol! La carne femenina, ¡que apoteosis! Si yo fuese mujer, nunca me dejaría poseer por la carne de los hombres triste, seca, amarilla: sin brillo y sin luz ... ¡Sí! Con un entu­siasmo espasmódico, soy todo admiración, todo ternura, hacia las grandes libertinas que enmarañan sus cuerpos de mármol con otros iguales a los suyos, femeninos también; dorados, suntuosos ... Y recuerdo un deseo perdido de ser mujer; al menos, para esto: para que, en un encantamiento, pudiese mirar mis piernas desnudas, muy blancas, deslizándose, frías, bajo una sabana de lino ...
(p.55)

(...) no puedo ser amigo de nadie... No proteste... No soy amigo suyo. No he sabido nunca tener afectos -ya se lo he contado-, solo ternuras. La amistad máxima, para mí, se traduciría únicamente por la mayor ternura. Y una ternura trae siempre consigo un deseo cariñoso: un deseo de besar... de estrechar... En fin: ¡ de poseer ! Pero yo, solo después de satisfacer mis deseos, puedo sentir realmente aquello que los ha provocado. La verdad, por tanto, es que mis propias ternuras nunca las he sentido, solo las he adivinado. Para sentirlas, es decir, para ser amigo de alguien (dado que en mí la ternura equivale a la amis­tad) forzoso me sería antes poseer a quien estimase, mujer u hombre. Pero a una criatura de nuestro sexo no podemos poseerla. Luego yo solo podría ser amigo de una criatura de mi sexo, si esa criatura 0 yo cambiásemos de sexo.
»Ah, mi dolor es enorme: todos pueden tener amistades, que son el amparo de una vida, la «razón» de toda una existencia: amistades que nos consagran; amistades a las que, sinceramente, correspondemos. Mientras que yo, por mas que me esfuerce, nunca podré corresponder a ningún afecto: los afectos no se mate­rializan dentro de mí. Es como si me faltase un sentido, como si fuese ciego, como si fuese sordo. Para mí, se ha cerrado un mundo espiritual. Hay algo que veo y no puedo comprender; algo que palpo y no puedo sentir ... Soy un desdichado ... un gran desdichado, créame!
»En ciertos momentos llego a tener asco de mí. Escuche.
¡Esto es horrible! ¡Frente a todas las personas que sé que debería estimar -frente a todas las personas por las que adivino ternuras- me asalta siempre un deseo violento de morder sus bocas!. Cuántas veces no he contenido el anhelo de besar los labios de mi madre...
Sin embargo estos deseos materiales —aún no se lo he dicho todo— no crea que los siento en mi carne; los siento en mi alma. Sólo con mi alma podría matar mis anhelos enternecidos. Sólo con mi alma lograría poseer a las criaturas que acierto a estimar, y satisfacer así, es decir, corresponder sintiendo a mis amistades.
(p. 58)



*Tomado de La Confesión de Lúcio, novela de Mário de Sá-Carneiro, Calambur editorial, 1996. Trad.: Ángel Campos Pámpano.

La armonía, me parece


La armonía, me parece, es un artefacto oriental. Por ejemplo, cuando dicen del paso de la edad: sombras de cerezos en flor atavían mi camino de regreso; se alude, ciertamente, al recuerdo de la juventud, la plenitud del cuerpo y quizás a la ilusión que de sí se tiene el espíritu. Pero lo cierto es que lejos estoy de mi plenitud y sobretodo la de mi cuerpo, una cadena de cerros áridos y violáceos va dejando mi sombra como dejo en estas líneas cabos sueltos, nudos de cabellos, puertas abiertas por las que se desenrolla una madeja de hilo pescador que sigo hasta mi lectura, Ou Yang Hsiu, me ofrece un remanso para mis pies que he descuidado sin clemencia, lo pisado ha hollado su humanidad y no he seguido más que espejismos que bailan cual flama en pistas deterioradas sobre las que he chapoteado con un sentimiento desconocido, parecido a la... 

Lavativa de un hipocondriaco



Ahora que la enfermedad me obliga a lavarme el cuerpo en el lavatorio del baño, me siento como una doncella pudorosa que se lava el cuerpo por partes para evitar la completa desnudez. Mostrando solo la piel que será restregada por la esponja y la espuma, me cubro el resto del cuerpo con la ropa y evito así que el frío perjudique más mi deteriorada salud. El frío que para la doncella que me figuro es el mozalbete cualquiera que sólo puede aparecer de mi exacerbado pudor, quien, en realidad, es nadie en particular, porque nadie hay en esta parte del bosque que acoge la madurez, marchita ya, de mis colgantes genitales.


imagen: rembrandt "diana tomando un baño"

Apéndices





Cuando me encuentro en medio de una reunión rodeado de personas que apenas conozco, no puedo evitar sentir que algunas partes de mi cuerpo sobran. Casi siempre son los brazos. Si estoy sentado o de pie nunca sé cómo disponerlos, no sé si dejarlos en reposo, cayendo a mis costados o cruzarlos sobre mi pecho, medio anudados a la altura de mi exaltado corazón. Me digo: son ellos los que están de más en mi y no yo. Así, para terminar con esta incomoda sensación de no saber qué hacer con ellos, y a fin de darles alguna utilidad, me acerco al mozo, pero, cuando estoy tomando el salmón mis manos lo hacen con tan poca pericia que éste termina en el suelo, dando de degustar al paladar del diablo. Ciertamente el accidente lo atribuyo a la sofistificada presentación del bocadito. El segundo intento de incorporar mis sobrantes brazos a mi cuerpo se da con el mozo de los vinos. Tomo la copa sin titubeos, asegurándola con las dos manos, más éstas, díscolas ya, vierten el líquido granate sobre mi camisa celeste dejándome un lamparón oscuro, cual mancha de beodo incontinente, y todo ante las revoloteantes miradas de tantas personas que apenas conozco.


Imagen tomada de Freaks.

Nadadora de Agenor Azul e Amarelo


Para Tania, esse cara
Yo me sumerjo
y usted no me creerá
en aguas turbias
y tersas de aspas tibias
cristalinas cual orina Allí
rodeado de líquido
violáceo me despliego
malva ondeo expandida
como todos
cuando creemos realmente
en la noche y crecemos
dando mordidas
a la piel que nos abriga
de la oscuridad,
generalmente los dulces
focos infecciosos de la belleza
equilibrista, baby lonest
ninfa do asfalto.
Pero sucede
y usted no me creerá
que entrego mi cuerpo
a plazos ingratos mas resistentes
como un hueso sin roer
que el humo deshace
perto do fogo Allí, y usted
no me creerá, me encuentro
con mi chalina verde
en el ombligo del huracán
y en el pecho un gavilán

Narciso


El narciso piensa que merece ser adorado porque si él fuera otra no amaría a nadie más que a esa imagen mental que tiene, siendo él, de sí. Siendo otra se enamoraría no de sí, sino de la imagen esa que se refleja sobre las oscuras aguas de su cabeza. El problema del narciso es que no concibe la otredad. Su individualismo es absoluto, casi rozando el ideal cínico, lo que ya resulta patológico, pues el cinismo hace uso de un recetario moral basado en el cultivo de los antagonismos de lo socialmente aceptado, el anfo y dinamita que echa por los aires vacuos convencionalismos, moral de tartufos, diría el buen M. Onfray. Cuando el narciso se piensa así mismo se ve como el único ser de la tierra que merece ser regado con la adoración del otro, en ciertos casos, no precisamente por su belleza exterior, es decir, un espejismo adolescente.

De um cavalo chamado Agenor


Não amo ninguém

Eu ontem fui dormir todo encolhido
Agarrando uns quatro travesseiros
Chorando bem baixinho, bem baixinho, baby
Pra nem eu nem Deus ouvir
Fazendo festinha em mim mesmo
Como um neném, até dormir

Sonhei que eu caía do vigésimo andar
E não morria
Ganhava três milhões e meio de dólares
Na loteria
E você me dizia com a voz terna, cheia de malícia
Que me queria pra toda vida

Mal acordei, já dei de cara
Com a tua cara no porta-retrato
Não sei por que que de manhã
Toda manhã parece um parto
Quem sabe, depois de um tapa
Eu hoje vou matar essa charada

Se todo alguém que ama
Ama pra ser correspondido
Se todo alguém que eu amo
É como amar a lua inacessível
É que eu não amo ninguém
Não amo ninguém
Eu não amo ninguém, parece incrível
Não amo ninguém
E é só amor que eu respiro


*Del tercer disco de Barao Vermelho, Maior Abandonado, letra de Cazuza a quien escucho de manera obsesiva.

Patio de fumadores



Me corto con el filo de tu lucidez
Nos arrastran las ganas de negar
Lo que acontece en nuestra cercanía
El humo lima las yemas de los dedos
El camino que tratamos de seguir
Nos lleva sentados hasta el ombligo
De un parque rodeado de edificios
Donde fumamos y escrutamos
El cielo
Como si de nuestras uñas se tratara
Veo que me crecen grises e irregulares
De puro nerviosismo
A ti en cambio
Te crecen cargadas y onduladas
de algo
Mojado como mi sombra que apenas
Se contiene
en este cuerpo blando
Difuminado ya
por tu regia indiferencia

Mario Santiago Papasquiaro (1953-1998)



Rostro Quemado

He introducido mi vida
en la vulva radiante de la estupefacción
/ Mi droga es respirar este aire caliente /
Traducir a la luna en mi piel
: hermanar mis heridas con su savia creciente :
A la orilla del fulgor del tren
Mi sueño es 1 viaje coital derramado
/ Mi escritura: mi cama /
Mi mujer: la pasión
Entre espinas & flamas
Me despierta el milagro
de beber mi arrebol
Pues del trébol se trata
De la vena maciza del ornitorrinco cantor
Del espejo pintado de sangre
De la danza jadeante
De vivir en sazón
/ La chaquira del muerto la revende el adiós /
la barriada más lumpen es valeca del sol
Porque trago arcoiris
Porque cago relámpagos
Quizás vuelen mis ojos
Engarzados en viento
A este cristal revivido / que rompe su cárcel
: Zopilote goteando calor :


*imagen: portada de Respiración del laberinto,Selección de Rebeca López. Ed. sarita cartonera, 2009. Además, es el primer trabajo conjunto de todas las cartoneras latinoamericanas.

Me había orinado



Soñé que mimi huang me respondía con su nick. Le replicaba al mío — mujeres de días lluviosos #12 & 35— con título de otra canción de dylan, pero no recuerdo cuál. En cambio sí puedo recordar la sensación que la respuesta de mimi me dejó: una suave ola de calidez inundando mi cuerpo, tal como si estuviera siendo abrazado.


*image: foto de bob dylan tomada de "easyart.com"

Origen de Metafísica de Siesta para todos



Decripción

Es una puerta de entrada a vivir en calidad de echado eterno. Aunque el vulgo juegue con la idea de imitadores de muerto, la inactividad absoluta sólo se puede alcanzar echado o semi echado. Repárese en el hecho de Ab’ dulh Alfil Al ‘ ehlhí quien se mantuvo doscientos treinta años dormitando y entreteniéndose de vez en cuando con el sonido de los zancudos, llegando a descubrir 780 054 zumbidos diferentes; debido a que cada élitro posee distinta estructura y diseño, por lo que genera un sonido singular. Si bien es cierto, el origen de la conocida 3º máxima del Tetraedro de los Echados Eternos se puede atribuir a dicha experiencia, los más obtusos no pueden ver más que la literariedad de su aserción. En todo caso, dicha máxima aludiría al proceso para llegar al nivel de echado eterno, el mismo que requiere de esfuerzo, disciplina y concentración. Mantener la horizontalidad sin generar heridas en la piel señala el camino de la iluminación.

Máximas del Tetraedro de los Echados Eternos

1º La horizontalidad del cuerpo es el eje del universo (en el ombligo de la espalda se asienta la vía láctea)
2º No sólo la noche está hecha para descansar
3º Dos zancudos nunca zumban igual

**Imagen: foto de damien rudd

Autostop



Si hago autostop en los poemas de los jóvenes
sé que puedo caer en manos de añil solipsista
o de lúbrica sicótica Me pregunto si acaso
haya más que fetos enterrados en estas
carreteras solitarias para dejarme llevar
por El extraño y gentil miedo a mi sombra
que tiembla con quebradizo entusiasmo al
ver en los charcos del camino los espejismos
negados a mi gozo como las mujeres salvadoras
de los amigos que traicioné a mansalva
demasiado tarde para derretirme en el vacío
cuenco de la culpa desenterrada de mis genitales
La arena sibilante pule mis huesos
el fornido paracas me eleva sin esfuerzo
ni malicia sobre las esfumadas autopistas
la mujer barbada habla con mi hijo
textualmente una llamarada azul:
“Yo no soy veleta, hijo, quizás probeta
y si me encamino hacia la cuerda floja
es porque lo que hago a nadie hace daño".

Sitiando Cártago


Adornada de todo lo perecible,
obligada a compartir su piel
más profunda —su laptop—
con su primita, La más dorada. Ella,
que guarda Cierta identidad Aparente
de clase cual un fantasma bajo la garúa
limeña— la Molina en realidad—,
es La entenada inmersa en la corriente
de Lo que fluye sin cauce —los febriles días
de la oficina— y una familia paralela,
incluida La empleada que la iguala
en privilegios. Ella es una constelación
ninguneada por sus ritos pequeños,
sus pares afilados —el que escribe—
y orificios oficiales —que desconozco—
excretadores como emperadores,
empaladores glamorosos,
arlequines carniceros de todo
color, de toda hiel —para los que
la sueñan—, los del apretón,
los de la pálida del todo fugaz —paja
mental—. El cuerpo del humo
es un lobo que me abraza
—sigue paja mental—en París
cual una llamarada pelirroja
de obús en mi desvelo..




** imagen: foto de betty page tomada de alguna web que he olvidado, si alguien conoce fuente (autor) por favor avisar...

Victorialand




" besito en tu ingratitud. "



*imagen: los dedos de charly del influenza, disco que no he escuchado ¿ni necesito escuchar?:
como escapar a tanto apabullante cariño
me abrumas, victoria
me interpelas como a gato
techero
pero ya no tengo pelos
ni uñas
sólo una canción
tu canción
chipi chipi


Ahora que sólo mujeres
muertas me deslumbran
del amor no quiero
mas que el humo
que los días dejan
en mis manos
cual gasa para cubrir
heridas.

Alimentas mi deseo
con aquello que sacia
Tu sed
es un animal cansado
que cebas con la desidia
que guardas para El cuerpo vacío
de la que te alimenta
con humo
le das a su calor
ningún mal
parecido al tuyo.

Quemado
kemado



* foto tomada de aqui: http://ffffound.com/?offset=700&

Lucky (laqui)


El domingo por la tarde tosí y sangré y me asusté y me fui de emergencia al hospital donde me tomaron una placa toráxica y no me pasó nada más que la fiebre que me acompaña como mi desaparecida perra Laqui (lucky), quien me mira desde cualquier lado, quien me espera para hacerme cruzar el puente de cabellos humanos hacia Sirio o Alfa centauro. Laqui, la suertuda de la familia, recogida luego que la atropellaran y la dejaran descuajeringada para toda la vida, su vida, que fueron catorce años bien vividos, puesto que conoció tanto perro por delante como perra por detrás. Naturaleza más libre que ella no he conocido en el mundo animal, que es el que me rodea aquí en la oficina, ínfimo mundo de nebulosa y ruindades. Lucky vivió porque no paraba de comer. Uno le acercaba la cacerola con leche y ella no dejaba ni una gota. Todo lo que pasara por su boca terminaba en su insondable estómago, manía esta que luego de adulta le trajo no pocos sufrimientos. Cuando la recogimos la mantuvimos escondida en el cuarto de mis hermanas, quienes fueron cómplices de mi hermano y este su flaco servidor de cambiarle el destino por uno más humano. Llegó al cuarto, a escondidas de nuestros padres por tres motivos: el primero, no caminaba, el segundo, era la perra más fea del mundo, lo que la hacía adorable y tercero, ya teníamos una perra, Mafalda, y dos gatos, Tomasa y Leporino. Ah, también había un cuarto, del que no sabíamos mucho en ese momento: la escabiosis canina. Mientras la teníamos escondida sólo nos preocupábamos por mantenerla alimentada y mimada. Una vez que nuestros padres aceptaron a Laqui, gracias a la mediación de mi hermana mayor, quien ya se había abocado a formar su propia familia, así que era una adulta hecha y derecha, la llevamos al veterinario para curarla con un tratamiento que, sumado a nuestra dedicación, dio el resultado esperado, eliminamos la escabiosis. Así la suertuda volvió a caminar, descuajeringadamente, es cierto, pero podía moverse a sus anchas, ladrar todo lo que le amenazara y perseguirme para morderme las bastas del pantalón. Jugar con ella era parte de su rehabilitación. Aun recuerdo llegar del infiernillo de mi colegio para ir a jugar con ella. Además de ser suertuda, Laqui era agradecida, pues nunca me mordió en ninguno de nuestros juegos, ni de adulta cuando la torturaba como para que lo hiciera.

Flores



Las flores de nuestra oficina no necesitan
luz solar. El viento acondicionado sopla
sus rígidos pétalos desde el cielo raso. Brindo
con bostezo y humeante café por la cabellera
Recogida con lápices de mi joven compañera
quien se viste con las primeras ropas caídas
de su closet estival. Al recuerdo de lo que me ha
de contentar, el dorado otoño de su espalda, sonrío
frente a la blanca página del monitor y las perras flores
se marchitan frente a mi esperanza.



Todo el amor que hubo en nuestra vida

a cazuza


La resaca llega con los años
nos baña los ojos
Dándoles un peso innecesario
Como la culpa que no tenemos
pero a la que nos adherimos
legítimos patricios progresistas
Entre rojos taxicholos y cerros de basura
Para entusiastas El glamour
De los excesos es un vendedor de crisis
existenciales

Entonces no hay perfume que no me haga vomitar
Las arcadas llevan un cartelito
que prohíbe arrojar desmonte / bajo
pena de golpe A dónde ir
con tu cuerpo doblado
Y tus pies gastados
De patear destellantes Latas de atún
lanzando dardos hacia nuestras
tibias glándulas Emplumadas
por El humo llevo alrededor
del cuello un amuleto El amor
es humedad y agitación
Y rápido se evapora




*imagen: didujo "ciudad del hombre araña", crayolas sobre cartulina, de diego martin

kiero lokear contigo (canción indi pop)


Si decimos groserías
para encantar espíritus
animales Qué grito amuleto
he de usar para
alejar tu fantasma
acaso el colirio cristalino
o las gotas de arena
que guardo en el bolsillo
como lágrimas de alegría
que llevo directamente
a la córnea enrojecida
donde nos expandimos
sin comprometernos
sin Precaución ni autorización
mas que la del leve humo



* imagen: martin munkacsi ("espera a lo que soy capaz de hacer")

Arvizu


Yo solo he llorar tanta amargura
yo solo he de pagar esta condena
pero tengo que ahogar mi amarga pena...
Juan Arvizu



Quiero vivir en tu voz, Juan, en su vibración
podría acomodar mi litera, un palo con clavos,
en su messa di voce tomaría mi desayuno
mientras roleo el periódico para susurrarle
a Pessoa con herméticas señales de humo
que la Gloria es una puta demasiado cara
para tu vida, Mi vida, por lo demás, intermitente
luz de neón de la Luciérnaga Night Club
iluminará nuestros días. Allí, aparecido
como las polillas alrededor de algún
parroquiano resplandor, tu voz me encadenará
al rubio espejo del ron donde Narciso se mira
y se vierte desnudo para dar de comer
a las bestias de moho y de seda Bellezas
que no duran de pie más de tres minutos
fáciles en vaciarse de la última gota de sangre,
lo suficiente para doblegar la indiferencia
de las quebradizas sombras que danzan
entre dedos afilados cual llamitas azules
que dejan sobnre lo que tocan una estela
amarilla de cenizas



*Imagen: Billy Brandt, 1945.

Medieval

Para la selva con amor

El cuerpo es un sediento
sólo quiere ser saciado
no le hablo hasta ver
deponer su ambición
entonces le responderé
con una sonrisa de dos puntos
y paréntesis
le diré que es mi juego
no hablarle hasta esperar
que él lo haga primero
como jugar a no parpadear
sosteniendo nuestras miradas
cual espadas en un duelo



*imagen tomada de aquí: http://telasherlinda.blogspot.com/

1º Bilis platónica


Mi ansiedad no me perturba
cuando de ti no poseo
sino tus palabras
evito así tenerte frente a mí
esquivo tu mirada
hablando mas que
por esta pantalla
si no te veo no existes
como el amor que
nadie se tiene aquí

Con tus palabras es otra cosa
no puedo amar lo que no me sorprende
las vacío de tu cuerpo
y las dejo a la deriva
como restos que el mar
abandona a mis pies
pues ellas en nada alimentan
mi ciega esperanza
mi poquita fe

Alberto Hidalgo (Arequipa 1897 - BsAs 1967)

(...)
Era una negrita de diez y ocho años, a mucho dar. Ni delgada ni gorda, al caminar movía el cuerpecito horizontalmente, en forma de oleaje, con una gracia impar, imponderable. Dentro de las órbitas tenía dos lámparas de 600 bujías que hacían un consumo arruinador de kilowatts. Iba de aquí para allá, iluminando los rincones, bailando como sobre cuerdas de circo en las miradas que los hombres le tendían. Todos teníamos ahuecadas las manos, de tanto agarrarle imaginariamente los senos: dos globitos de jabón, blandos como la leche, cuyos pezones se nos entraban inevitablemente por los labios. Yo sabía de memoria los puntos cardinales de su cuerpo. Conocía el camino de su sexo, podía trazar el plano de su voluptuosidad. Y en mi boca guardar el sabor de sus cabellos, de sus piernas, de sus axilas, de su humedad, de sus sudores, de todo.
(...)
En cuanto un hombre es desairado por una mujer, debe considerarse enamorado de ella. Obré de acuerdo con esta pragmática. ¡Estaba enamorado, y de una prostituta! Me aventuré en los usos de los amantes sin suerte. Una tristeza enorme se apoderó de mi espíritu. Y mi cuerpo empezó a trasuntar soledades de mi corazón. Mis ojos se oscurecieron como dos estanques. Perdí el apetito, la tranquilidad, el ápice de bonhomía que me restaba. Desde mi mesa la veía pasar con una avidez inaudita, lamiéndole el cuerpo con los ojos, desnudándola, oliéndola como un perro, poseyéndola cabalmente.
*Tomado de "Filosofía Negra", relato que integra el genial libro Cuentos de Alberto Hidalgo, Talleres Tipográficos, 2005, Lima-Perú. (Edición de Álvaro Sarco)

Final del tragador de humo

Una de las pasiones que abandono
es el humo que me daña Lo dejo
como dejaría a una novia
Que vive para humillarme
Haciéndome insignificante
Accesorio de su deseo El blanco
Donde cebara su ira
Mi garganta
cual los libros que un día
destazó por placer De verme recoger
las hojas esparcidas en el suelo
como sangre arrojada en el baño

Valetudinarios Cía.


La semana pasada me convertí en un surtidor de verde materia. Ingentes cantidades de flema salían de quién sabe qué oscuras profundidades de mis pulmones, por lo demás, dos viejas bolsas de papel bulky. Así, aquejado por una bronquitis aguda fui el mártir de la oficina, ya que no falté casi ningún día. En realidad, la afección nunca me indispuso como para faltar, mas sí me incomodaba. Cada diez minutos tenía que ir al baño para descargar la flema que parecía se me iba salir por ojos, oídos y todos los poros de la cara. Las tibias palabras de apoyo de mis compañeras eran llamadas de atención, ya que consideraban que debía estar descansando y no andar metido en la oficina, con el terrible riesgo de contagiarles; lo que, por supuesto, era mi oscuro propósito. Como sea, recibía agradecido su preocupación. Sin embargo, la inmensa QWERT, quien debe bordear los quince años bisiestos, mostraba su atención por mi deteriorada salud con un extraño gesto de solidaridad. Éste consistía en reducir a la insignificancia mi mal, haciendo para ello un listado de sus dolencias, que iban desde extrañas punzadas en la mano izquierda, lo que podía presagiar un fulminante paro cardiaco, hasta la anemia producida por los minúsculos miomas de su virginal cuello uterino, que podía convertirse en un cáncer. No sé si su intención era levantarme el ánimo o exacerbar mi somática cobardía por la decadencia del cuerpo. En todo caso, lo que sí lograba era desviar la atención de mis compañeras hacia su adiposa e hipocondríaca personalidad, efecto que, por lo demás, me tenía sin cuidado. Quizá, creo yo, era su forma de hacerme sentir bien, y mostrarme que a pesar de mi afección debería sentirme dichoso, pues, no estaba en los umbrales de la muerte, como ella decía sentirse.

El hombre que no podia dejar de masturbarse

Me masturbo tanto que me estoy enamorando de mí
dice la tradición que los narcisos mueren ahogados
por la fascinación de su reflejo
y dice mi experiencia que los gatos suelen purgarse
con las flores de sus orificios (de los narcisos)
Pero esta camisa me aleja tanto de mí
que en el espejo ya ni me reconozco
Una vela parchada ondea en medio del océano, seré yo?

Y el jefe de la tribu dijo


debías de tener como crisma de santidad
una corona de cerros verdosos y no
este maldito desierto alrededor de la nuca
mas no de arena donde los rosados pezones
terminan como dos pececillos boqueando en las cenizas
de un holocausto yunga ofrecido a las rezagadas nubes
para la estación seca de las pantorrillas
abras en la espesura del pubis paracas de albúmina
y los muslos reciban con devoción la espuma
que brota sobre las muertos al galope de las horas
un pulso que se expande en neblina atienda
la sinuosa corriente que corre por la espalda
donde sumerja los dedos ensangrentados el ungido
para seguir descalzo y sediento de caminos

Tengo el amor
De haberte visto
LHC-CMP


De la belleza
Perro
de la belleza,
hasta cuándo
el sueño*
que a nadie te ata.



*el sueño es una cadera, perdón, una cadena, una sucesión, diría,
de estrelladas piedras, pepitas de coral, rubíes, cuentas de lapislázuli,
semillas de sangre donde anida recorrido el transcurrir de la niebla, de luna encendida por los afilados bordes de la lucidez, una mujer de sombras densas, que entrega, a los solitarios, caricias con el filo de una navaja.

Siesta para todos (mani(n)fiesto)*


Por cálida humanidad
Para evitar que los burócratas se sequen como árboles que nadie riega
Para recuperar el encendido equilibrio horizontal
Para descansar de la luz artificial que te arrojan como arena a los ojos
Para conversar como silenciosos monosílabos colgados de nuestras paltas y/u otras frutas más y/o menos espirituosas
Para compensar la trasgresión al derecho laboral internacional explotados proletarios del hastío
Por las diez de horas atornillados a una silla
Por la fuerza de gravedad que nos envejece un poco más por dentro cada día
Por magnánima caridad de nuestros empleadores que nos dejan pertenecer veinte minutos y dos turnos a la semana a la dulce hermandad de los echados eternos**
Para guarecer los pulmones de las criminales corrientes de aire acondicionado por lo mismo acariciados con el tibio pétalo de las plantas sagradas como el anís la carámbola y la boñiga de macho cabrío
Para la bajada de nuestra cabeza de nuestros brazos y de nuestras piernas por los ojos afilados como un tobogán hacia la boca de un volcán en erupción




*La sala de la siesta para todos será un espacio común y unisex, amplio con techos altos y grandes ventanales con hojas móviles para refrescar la estancia. Esta sala tendrá dos hileras de 9 camas alineadas y separadas por dos metros una de otra y una frente a otra. Además, deberá ubicarse en un lugar silencioso. O en su defecto construirla de manera acústica, contra ruidos. La estancia deberá proveer a los usuarios el reposo a través del silencio, la iluminación y las corrientes de aire naturales.
**Las características de esta descripción de la estancia del echado eterno mayor proviene de la historia de Saj’ Hihno Aj’ Hon ‘Jojh Lhi, nómada mongol que viviendo entre la estepa y el cáucaso construyó una covacha a prueba de ruido, usando tan solo ramas, grama seca y boñiga de cabra salvaje.

El Turista



En Cioran conocí un viejo cascarrabias Su ternura
era hostil y su belleza sucinta Aborrecía al viscoso
género humano y sus derivados El perro con alas
de seda y el gusano pelambre de mono Mas
por piedad que por ignominia y un frágil
arco del triunfo que nadie supo ver cuando lo veían
Su indiferencia era luminosa y dejaba rastros fosforescentes
en las pieles que estrechó a escondidas de sí mismo
Por aquella primera impresión lo confundí con el loco del tarot
pero su camino no era redondo sino plano
y más bien escarpado Hacia las mañanas venenosas
me ejercitaba ante el espejo que agredía con los pulgares
en ristre a fin de seguirlo hasta la cumbre de su repudio
a imagen y semejanza de una lasciva actriz
de cine mudo a quien desposé pues amaba sin malicia

Pessoa?????

...cuando digo que siempre gusté de ser amado, y nunca de amar, lo he dicho todo. Me afligía siempre el ser obligado, por un deber de vulgar reciprocidad -una lealtad del espíritu- a corresponder. Me agradaba la pasividad. De actividad, sólo me agradaba lo bastante para estimular, para no dejar olvidarse, la actividad en amar de aquel que me amaba.

*Tomado de Fernando Pessoa. Escritos autobiográficos, automáticos y de reflexión personal. Emecé, 2005. Trad. Rodolfo Alonso

La caricatura de pessoa colgado es mía, la hice antes de conocerlo.

Oro es en mí lo que no se ve


Saliva rosada por la mañana
claro indicio que soy una mina
excavo con la tos seca y mojada
arrojo vetas rojas y encendidas
cual palabras que trago para evitar
la oscura ambición de las viandantes
ciegas y estúpidas ellas
que en la cama me rechazaron
sin saber que era una mina contagiosa
pudiendo dar mi veta por un roce
y llenar sus miserables vidas con toda
mi fortuna escondida entre carraspeos
y mucosidades transparentes
verdes y amarillas

Autoretrato (n intento)


Frente al espejo mensuro la fe perdida
mi cara remendada cual mi camisa
y mis costillas desequilibradas de su eje
por el tráfico de la concentración matutina
un remolino de oscuras intenciones
que da cierto nivel de ruido
a nuestras reflexiones
como un zumbido de élitros mojados
sobre la cicatriz del labio reconozco
de mi pasado lo peor que no es lo peor
porque seguirá pasando
como estas palabras
seguirán pasando
de mano en mano
y mejor si de boca en boca
aunque se tuerzan
en una mueca de asco
por la hermosa y hedionda corriente
que expulsamos con inocente crueldad
de nuestra piel chamuscada
una dolorosa parturienta
que nos mantiene pegados al espejo
mientras parpadea ante la sangre que se le arroja





*Imagen: Selfportrait de F. Bacon

SSSS

Camino la resaca
la vereda erizada de su lomo
luce como un gato amenazado por su sombra de perro
un puente que se suspende al humo de mi deseo
por la musa del café
en fin, la resaca es un costal vacío que se llena con
coca
café
sporade
y torpes movimientos
que me dejan las uñas levantadas
hermosos hematomas hermafroditas
que se reproducen en serie por el hombro el filo
del codo y como no
rodillas raspadas para la cena
vi en el baño, carla valeria, al grillo de las constelaciones
me saludó pero se fue caminando a pesar que lo apuré
de puro puré y pánico que me saltara encima
y se fue cojeando (que mas da
emocionado)
cuando terminé mi negocio ergo piano
pianíssimo determiné que mi estado de ánimo
lo dictaría la apariencia
de mis queridas heces
se veían robustas como troncos tronchados
desconchados como de algún noble roble
una sonrisa se esbozó entre mis ojeras
-usada de ceniceros en fiestas íntimas- pues
supuse que aquella era la apariencia
de la buena salud y la belleza
y me subí los pantalones
(que mas da
emocionado)

Heredad


Voy a heredar una úlcera
que me hubiese gustado conocer personalmente
es decir lamerla con cuidado de no quebrar
ni regañar su encostrado corazón
cuando empezara a sangrar
el limo amargo juntaría en mis manos
su ración de materia y me enjugaría con ella
el rostro los cabellos y saldría a la noche de las vociferaciones
recién nacido de una herida hija mía
tan puro y esbelto como una espada de grisú

A Juan Arvizu


Y su voz no te daña para soñar con él
Ni para darle a tu vida el tono sucio y gastado
Que ha dejado el tiempo en su belleza
Puesto que él es un hombre pegado a una voz
Y no una voz cubierta por el cuerpo insulso
de un hombre Un legajo de gusanos resentidos
O quizás no te da el espíritu para tan poco
¿Qué sentido pierde su camino dentro de mí
Cuando lo oigo? No podría decir sino oyéndolo
Y aun así pienso que el merecimiento de ello
Es demasiado para ser verdadero ¿Tanto
me miento que dudo hasta de mis apetitos?
Al final sueño que algo bueno se arrastra de mi vértigo
Si nada de lo que sobrevivo parte de mí Entonces
Estar a punto de ser hielo vidrio molido
o devolver lo comido Es tan aparente cual la carne
Que cubre mi deseo con el vendaje de sus venas
Verdes y cenicientas como mi faz tendida
Sobre los alambres de púas
que rodea todo lo que me llena:
espondilus messa
violáceos di
batolitos voce

Fernando Molano

Petición

Si ustedes lo permiten, yo quisiera declarar que
he cruzado por la vida. Y aún me queda.

A veces temo que los hombres seamos sólo una raza
de náufragos perversos, y no exista en la isla el verdadero
amor como no sea el propio (o el de dos, a lo sumo).

Aún así a mí la vida me seduce, y siempre aguardo
a que en cualquier esquina me asalte la bondad de algún extraño.

De mi fragilidad ya ha sacado su provecho este
mundo en que he nacido: no creo amarlo mucho.
Pero adoro sus utopías, en especial las que han
muerto, y no he dejado de soñar el día en que triunfe
alguna revolución de hombres buenos, y pudiera
en ella sentirme a gusto, aun cuando nadie me ame
y yo esté solo.

Pero ocurre que ya me deja el tiempo, como a un
pasajero olvidado en esta pobre estación que es mi
casa y mi país. Y quisiera, al fin y al cabo, si ustedes
lo permiten, preguntar: ¿No sería posible, en lo que
queda, sin que hacia afuera me sigan empujando,
ocupar un lugar en el recinto?

- Bien: puede ya reír el auditorio.



**Poeta del candor del que me gustaría leer más, el texto pertenece a su libro "Todas mis cosas en tus bolsillos" y lo he tomado de aquí:

Blanca Varela (1926-2009)


IX

El amor es como la música,
me devuelve con las manos vacías,
con el tiempo que se enciende de golpe
fuera del paraíso.
Conozco una isla,
mis recuerdos,
y una música futura,
la promesa.

Y voy hacia la muerte que no existe,
que se llama horizonte en mi pecho.
Siempre la eternidad a destiempo.

Noticias del verano


I

La música ha cesado (sonaba donovan)

por la ventana abierta

cabe el mediodía

el silencio de domingo

interrumpido por los perros y

la corneta del heladero

me llenan de angustia

pues tengo faringitis crónica

(con hemoptisis leve)


II

Me gustaría aprender a dibujar

ideogramas chinos que tienen,

me parece, la gracia del vuelo

del colibrí, picaflor, esputo,

putilla, tuctupillín, josemari recalde


III

Ahora que la tinta china

revela mi edad que fluye

en los cauces de la infancia,

el torrente oculto de mi

libertad soñada, me pregunto,

volado de mí, si le agradecí

a Claudita su regalo:

esta pluma fuente


IV

La tinta china

seca más rápido

que mis heridas

y sin antibióticos

ni expectorantes

Gatopiano

"Con el fin de levantar el ánimo de un príncipe italiano agobiado por las preocupaciones de su posición, un músico creó un gato piano para él. El músico seleccionó gatos que tuvieran tonos de maullidos diferentes y los dispuso en jaulas lado a lado, de tal modo que cuando una tecla era presionada, un mecanismo lanzaba un golpe sobre la cola del gato apropiado. El resultado era una melodía de maullidos que se volvían más vigorosos cuando los gatos más se enojaban. Quién podría evitar reírse ante tal música? Así el Príncipe fue curado de su melancolía."

Descrito por Athanasius Kircher, erudito jesuita del siglo XVII en su Musurgia Universalis (1650).






Resaca de un mea culpa


I

Estamos en un local abarrotado de gente y ruido, celebramos la vida. Soy el único chico en una mesa de mujeres, todas ellas compañeras de la oficina, una oficina que sólo sirve para perder nuestro valioso tiempo por un puñado de monedas. El alcohol me aniega y yo pierdo norte, camino sin orientación, mas respiro. La inundación deja una isla para las funciones motrices básicas o, acaso, es que ellas funcionan bajo el purísimo alcohol. Dejamos el local. Camino y hablo lo que no debo hablar. Mi deseo me lleva de la mano como una madre. Me acerca a una compañera de oficina que, extrañamente, pretendo sin saberlo, quien también está tomada pero no ebria. Luego, se cierra el telón. Despierto en una habitación desconocida. Alzo la vista y la claridad del día me golpea, veo unas cortinas rojas, escucho el tráfago de una avenida demasiado transitada. No estoy en mi casa y lo que es patéticamente peor nadie me acompaña en esta cama ajena. Me levanto aturdido y hago una llamada a S. Me explica cómo he llegado aquí, un hostal. Le agradezco a mi amiga por su práctica manera de salvar la vida del montón de carne curtida en alcohol que fui. Voy al baño, me exprimo desde la cintura hasta el cuello, vomito y la cabeza empieza a latirme. Vuelvo a la cama y descanso. Por la noche, llamo a mis otras dos amigas para disculparme por el accidente de imponerles mi inconciencia y, sobretodo, mi torpe cuerpo de animal sedado. C, la chica a la que pretendí en mi inconciencia, me disculpa no sin dificultad. Me dice que no puede creer todo lo que le he dicho y hecho, que ha sido demasiado. Le digo que no recuerdo nada, que no fue mi intención hacer que se sintiera incómoda. No me cree y me vuelve a insistir si realmente no recuerdo nada. Le digo que no, que nada de lo que haya dicho o hecho esa noche está en mi memoria. Se extraña y me dice que ya no importa, y con tono de madre resignada agrega que no lo vuelva a hacer. Me disculpo nuevamente y corto, perdonado pero compungido por la vergüenza.

II

Cuando estamos en el almuerzo, los retazos de lo que fui esa noche empiezan a aparecer en la boca de C, así aparezco tambaleante con las manos inquietas, posándose en tibias zonas que no son permitidas para los amigos. Aparezco también balbuceante y brutalmente honesto, lanzado por mi deseo contra la menuda persona de C. Esos retazos que ella no ha podido digerir, puesto que apenas habla de ellos con perífrasis, me hace sentir que ahora me teme. Me siento un poco apenado, mi deseo me ha hecho ver como un monstruo, aunque más propiamente como un sátiro, al menos, según los fragmentos que C ha ido soltando para el solaz de nuestras sobremesas. A pesar de mi timidez, aquello no me incómoda, hace mucho que la doxa ha dejado de generarme mala sangre, aunque siempre es una lucha constante. En otro día y en otra sobremesa, aparezco girando de un poste, colgado de un brazo, según S, bailando como una estriptisera del show de la barra. Todo lo que dicen me suena como si hablaran de otra persona. Obviamente no me afecta porque no fui consciente de ello. Lo que me interesa saber es cuánto de mí, de ese yo que no veo, hizo posible aquello. En todo caso, interesante sería que ese yo aflorado también pudiera ser invocado sin necesidad de dichas bebidas espirituosas. Aprendizaje de la ebriedad?. Como sea, desinhibido por el alcohol, pude lograr toda esa performance indigerible para la pobre C. Por otro lado, si bien su indigestión se debe a mi exceso, también, creo yo, a su forma de ver el mundo. Ella es la persona más centrada que he conocido, quizás por eso vive de manera equidistante de sus emociones. Además, tiene un envidiable sentido de la responsabilidad, que le fue entregado por las circunstancias y que ella se empeña en pulir llevándose trabajo para su casa, cosa, esto último, que repruebo tajantemente. Además, es un ser bienpensante, y no de la boca para afuera, como la mayoría en estos tiempos profanos, sino desde su pequeño gran interior, que imagino amoblado con la fornitura de la belle epoque. Jamás le he escuchado pensar algo oscuro del prójimo, se diría que todos los días se despierta con el corazón levantado, es decir, en un estado de bonhomía tan natural como amanecer con un día de sol. Yo sé que su claridad está en sus huesos, es su esencia, aunque ella se empeñe, de pura humildad, en atribuírselo a los frutos de su religión. C es católica, apostólica y romana practicante. Su fe no es rígida aunque la defiende como si defendiera a alguien de su familia. Esta flexibilidad ante la vida, a pesar de ser una comprometida seguidora del dogma católico, la desarrolló de pequeñita cuando se preparaba para ser bailarina de ballet, así su flexibilidad corporal ha devenido en otra espiritual, razón por la cual soy su amigo. La primera vez que debatí con ella desde mi postura más escéptica, comprobé que su posición era imponente y maciza como una iglesia románica. Más también, debo confesar que las siguientes veces que he buscado la madeja de su dogma ha sido por simple afán provocador, cual gato que juega con las hilachas de la abuela. Es más, creo que este ánimo pueril es el que ha aflorado la noche áquella y me ha llevado, desde una exaltada arrogancia pagana, a desplegar una especie de caridad sensual empeñada en tentar con mi escasa carne a la buena de C. Obviamente, no fue su fe lo que me impidió saborear mi oscuro objetivo sino su sensatez.

Poema de Ou Yang Hsiu (1007-1072)


Leyendo los poemas de un amigo ausente


Tsu Mei ha muerto prematuramente.
Chang Yu anda ahora por el Sur. Y yo,
desgraciado de mí, soy como una
cuadriga que ha perdido los caballos de
la derecha y de la izquierda. Su
recuerdo, como un enemigo potente, ataca
y me derriba. El endeble enjambre
de mis pensamientos lucha en vano contra
el embate. Todos los hombres
respetan el trabajo intenso, pero en
el ocio y el reposo encuentran
paz y felicidad. Y a mí, ¿qué me sucede?
nada, salvo que no puedo soportar
la pérdida de amigos. Hace mucho que no
escribo poemas. Mis ideas son como
un pastel pegajoso. Cuando la tierra buena
permanece inculta, la hierba
desaparece, substituida por la maleza
difícil de azadonar. Cuando no
se usa un pozo todos los días, el agua
no se mantiene pura. Por azar,
he abierto un libro de Mei y he olvidado
todo lo demás, mientras el sol se
ocultaba tras los aleros. Los gozos de la
poesía, para quienes los aprecian,
aumentan con el tiempo y la familiaridad.
Su riqueza nunca acaba de saciar.
Los hombres de esta época me inspiran
compasión. Nunca hablan de cosas
interesantes. Carecen de ambición y mueren
sin llegar a conocer la música de
los versos. Pero yo, que tengo la fortuna
de apreciar esos placeres, cuanto
más los saboreo, mejor los entiendo y más los
necesito. En el ocio que me dejan
mis obligaciones, me quedo en casa para poder
gozarlos en paz y me maravilla que
mis escasos medios me hayan permitido
distrutar estos poemas tanto,
que me siento como un caballo desbocado.








*Tomado de Kenneth Rexroth quien ha seleccionado y transcreado Cien Poemas Chinos. La traducción al español es de Carlos Manzano. Ed. Lumen, 2001.

Todos invitados

(click en la imagen para agrandar)

I love the unknown



Pa la bella genio

Tengo amor hasta para derrochar
a manos llenas lo busco perder
a conciencia de apostador
he ganado esta delgadez
que estuve a punto de quebrar
pues no sabía que colmado andaba
del puro amor que, si me ven, no engorda
mas bien pule los huesos como la arena
el diamante; por eso, tu problema, madre,
mi flacura, es el mucho amor que me llena
de sien a talón cual oso de felpa o fibra
de algodón y no me deja engrosar las tallas
del pantalón, puesto que
el amor es un parásito,
una larga solitaria que se enrolla
en los rincones de mi aridez;
de adolescente no supe darme cuenta
y me aferraba a mi hueco, mi timidez,
que a la solitaria siempre albergó,
con un dedo colgaba de mis venas
en la soledad de mi cuarto
aprendí a tocar el laúd del vacío
sin maña y con torpeza; mas ahora,
que cerca voy de la salida
reparo que lleno estoy
de nada más que amor:
lloro dulce amor
sudo frío amor
eructo avinagrado amor
cago suelto amor
vomito caliente amor
sueño mojado amor
eyaculo tibio amor



(imagen: de Alberto Greco
tomada de aquí: www.albertogreco.com)

El café se enfría

Joven dúctil y lejano,
tú no amas sólo sueñas
tú no deseas sólo despiertas
no lo que pace sobre la mesa de ajedrez.
Reina negra de peones blancos,
que se espantan con tu sonrisa,
enturbias la corriente cristalina
de las correspondencias.
El lánguido cuello del caballo
y la noble belleza de la retirada
no esperan a ser pasto de tu contemplación
que se desgaja en nubarrones de moscas
como la torre elevada por el humo del café
que se derrumba entre tus manos.

The Old Lady


La vieja piedad que subió a la custer en traje de quinceañera tenía el pelo rojo, la boca desdentada y el pantalón a la cadera mostrando el mustio ombligo. Al caminar en busca de un asiento iba esparciendo un olor a orines de cantina. Como el buen boy scout que fui, le hice un espacio y le cedí el asiento al lado de la ventana. Luego de pasarse la lengua sobre los resecos labios, la old lady me miró, quiero creer que con gentileza. Emitiendo un sonido gutural que debe haber sido un gracias, sentí su boca tan pestilente y de seguro infecciosa tanto o más que las fauces de los dragones de Cómodo. Sentía sobre mi cara el papel mojado de su respiración, su entreabierta boca y sus ojos replegados entre los pellejos y el maquillaje. Tras un crujido, la miré sollozar y llevarse las gruesas y enjoyadas manos sobre la apergaminada piel de su cara.

-Tan mal me veo? – dijo con voz áspera y aun alcoholizada. Volteé como buen samaritano, pensando que podría consolar a tan abatida mujer, pero su ánimo era tan turbio que me expulsaba del asiento, tan turbio que me amenazaba con el cuello de una botella rota. Mis buenas intenciones aunque ridículas eran ciertas como los años de esta mujer, como los muchos amantes que de seguro la maltrataron y la dejaron en esos grisáceos despojos que ahora, pintarrajeada sin vergüenza y con temeridad, atentaba contra el timorato y encarnecido adolescente que suelo ser cuando caigo en la más desnuda bondad. Caray, que era una anciana.

Se siente bien?–le pregunté, tan tartamudeado que apenas emití un susurro. Pasado un tiempo considerable y sin que escuche una respuesta me di con la satisfacción de la buena intención mostrada, aunque caída en saco roto. Mas al rato, luego de una frenada intempestiva y de que cerrara la ventana, intensificando de esta manera el olor de la más aberrante corrupción, léase contradicción, de la humana y animal naturaleza, mujer de ochenta primaveras disfrazada de quinceañera, volteó hacia mí su resaqueado rostro.

Me siento mal –susurró con una voz tan cavernosa como una marea de oscuras cavidades. Me hice el que no le había escuchado y seguí mirando, con el riesgo de una eminente tortícolis, al otro lado de la calle que fluía hasta ser un paisaje borroneado. Tomé aire y volví a mirar su rostro. Vi a una anciana maltratada por la vida.

Me siento mal –volvió a decir con la voz quebrada y con serio riesgo de desaguar lo que sea que estuviera conteniendo su hundido estómago. Lo peor que podría pasar, pensé, es que desagüe todo lo bebido sobre mi escueta persona.

Quiere vomitar? – le contesté realmente preocupado y atento para zafar del asiento a la llegada del buitre. Ella me echó encima una mirada descompuesta y sorprendida, sin embargo, al final del efecto de mi pregunta afiló el ceño y juntó las cromáticas cejas: y yo intuí en carne propia, encarnada la astilla, la ascensión de lo bebido, denso y cargado de la más abyecta humanidad.

No... quiero llorar – alcanzó a decir con los ojos ya empozados, aguas negras producidas por los kilos de delineador usado en resaltar la forma de sus ojos largos. Llevó sus manos hacia ellos y de ahí a las sienes, las que presionaba con los tres dedos. Sorbió con un ruido estentóreo los mocos que se le empezaron a caer junto con las lágrimas. Con la torpeza de manos palmípedas se enjugó el rostro y como si evitara que algo fuera a estallar dentro de ella aguantó la respiración. Yo la miré en silencio sin saber qué decir ni qué hacer para calmar a esta colorida estampa de la dolorosa. Traté de pensar en algo que evitara su líquido derrumbe pero sin resultados. De pronto me miró, acercó su enjuta y enrojecida boca, puso su goteante mano sobre mi pierna izquierda y me hizo una pregunta que el hedor de sus palabras me impidió escuchar. De nuevo se lanzó pero con el arma química de su boca apuntando hacia otro lado:

-tu le pedirías plata a tu hija?

Con la duda de si pararme del asiento, responderle o hacerme el tercio, me quedé en blanco y ella sacó la mano de mi pierna, mirándome expectante. Al rato contesté:

-Si tuviera una hija y estuviera realmente en aprietos, pues, sí, sí le pediría plata a mi hija –dije con una resolución tan mal llevada que a la old lady no le costó trabajo percatarse de mi inepta manera de enmascarar mi repulsión. Y de nuevo la mirada hostil, esta vez, lanzada con toda la intención de arrollar mi mal asumida bonhomía.

- Mal hombre... cómo le vas a pedir plata a tu propia hija – agregó mientras un temblor le recorría toda su trajinada anatomía. La miré ya desde una manifiesta aversión y en la medida que aquella actualizada reliquia de los bajos fondos parecía calmar su paroxismo, desistí de la tensión puesta en los músculos a fin de esquivar cualquier fluido que amenazara mi integridad. Luego de un tiempo muerto escuché el rastrillar de su arma química, de sorpresa el escupitajo, cargado y letal, fue lanzado menos mal con tan poca pericia que sólo me llegaron las esquirlas, quedando el total del verde bolo excrementicio sobre el propio cuerpo de la agresora. Un fluido verde-sanguinolento, grumoso, viscoso se derramaba por su flaco muslo.

Vividor! – vociferó, apartándome del asiento con su brazo huesudo. Atravesó la custer y se bajó, no sin antes insultar al cobrador y dejar una estela de liquido pestilente sobre el piso.

Invocación lunar

No te imagino Joan
extinto por
mano ajena
ni retorcida circunstancia
de foscos corazones
enredados en la maleza
de avenidas sin mesas
de ajedrez en las veredas
ni charla de peones
cual damas chinas
trenzando los azules
cabellos de los postes
a la luna en la madrugada
cuando suelta sus hilos
en los rincones
como telarañas quitasueños
que atraparan el oscuro vuelo
de nuestras risas
jóvenes y plácidas
moscas de la carne

Mar de la Serenidad

(click en la imgen para leer el poema)



*Abolerado-martinadeano poema de la encantadora plaqueta-libro "Anticuario"(Cascahuesos editores, Cusco, 2008) del gran Diego Lazarte.

Del baúl del Guardia Civil: 1er avistamiento del blue teenager

Poseía a las mujeres que pasaban por mi lado con miradas elusivas, sigilosas como una lengua rampante; iba de sus piernas a sus caderas soberanas, jamás a sus corazones. El tiempo era poco pero las ganas ubérrimas. Luego fui más audaz y mientras las observaba en el paradero con sus uniformes, falda azul y blusa roja, como un muy bien proporcionado borrador, las poseía sentado y detrás de la ventana. Cada mirada arrancaba retazos de su cuerpo y los degustaba con apurada molicie, pues evitaba toparme con sus ojos. La vergüenza que me producía ser descubierto me llenaba de un pegajoso sentimiento de culpa. Mas el tiempo pasa y afina nuestras manías, en este caso, mi timidez se convirtió en un afilado escalpelo con el que fui destazando mujeres. Saboreaba por un tiempo prolongado la parte que me resultara más apetitosa; así, podía demorarme toda una eternidad, es decir, lo que demora una combi en llenarse de pasajeros, en la curva gloriosa de los glúteos de mujer umbría o repasar lánguidamente la tierna cintura de una primorosa adolescente. Convertido en un predador hasta con el rabillo del ojo, fui notando la variada naturaleza de las proporciones femeninas. Habían las de espaldas anchas y caderas estrechas que, por lo general, hacían gala de un busto eclesiástico, aquellas majestuosas cúpulas se erguían aun a pesar de las ropas y sostenes que atentaban su contundencia. Pero eran las otras, las de proporciones áureas las que me fascinaban. Nada les sobraba. La armonía de la naturaleza, de las formas puras y convexas se encarnaba en ellas. No importaba que fueran muchachas delgadas como libélulas o aquellas más robustas cual rotundos árboles de frondosas cabelleras, cada una de sus partes erigían un todo magnífico y exuberante como un templo dorado en medio de la selva ante el que, hasta el desfallecimiento, entregué en cuerpo y memoria mi adolescencia solitaria.