Cavalos Calados



O termômetro registrou
A enfermeira confirmou
E o padre encomendou
A minha morte aparente
A minha sorte
Minha camisa rasgada
No peito correndo óleo diesel

O relógio alarmou
A TV anunciou
O hotel todo pirou
Na minha morte preto e branca
A sua sorte
E o seu durex já não cola
Já não basta o tapa-olho


Meu pulso não pulsou
O aparelho aceitou
E o médico pirou
A minha morte aparente
A sua sorte
Minha garganta sem voz
E a minha morte veloz

O termômetro registrou
O aparelho aceitou
A enfermeira confirmou
E o padre encomendou

Meu corpo tem 2 mil cavalos calados...


Versión original de Raul Seixas aquí

Los flecos de la resaca

La horizontalidad es salud, el cuerpo la pide ahora, le duele estar sentado, estar sentado es una tortura, no sólo para las esmirriadas posaderas sino también para su disposición anímica. Tiene el espíritu sentado. Camina sentado, corre sentado, ama sentado y eso que sus piernas, aunque cañas flacas, están sorprendentemente preparadas para jornadas exigentes. Pero no, ahora se doblan como el loto que no es y le dejan de viaje sobre sus huesos menos íntimos.

El cuerpo quiere hacerse agua, deshacerse, y lo haría si no se mantuviera en tensión, pues, anda sentado. En reposo, sin sostener la cabeza, se vaciaría sin ningún tipo de consideraciones. Los sensibles podrían considerar un acto obsceno, desleírse, pero dudo que sospechen que entre nuestros placeres hay peores y silenciosas atrocidades.

Abre la boca para respirar bocanadas de aire, para atragantarse del aire viciado que le da peso. Su cuerpo tiembla, se encuentra rígido y seco a fin de mantener cada víscera en su lugar; guardar su correcta disposición y no terminar con el estómago palpitando por la cabeza y el cerebro entre el vómito y las heces.

No, el cuerpo no se deja maltratar, malquerer, da tirones de repudio, de rechazo, como una mulita de mar que no quiere moverse; así, a punta de coces y arqueadas, hace notar su transparencia.

Para Susana T.


No quiero más sabor
que todo de tí,
Thénon,
gracias, por la frágil
telaraña tendida
en los años que me llevas
esquivando, pues, alguien como tú,
imagino,
sólo puede probarnos
cuando escribe para nadie,
cual la madre
que pare un huevo huero
y lo lame...
Lo sé,
tengo mal sabor de boca
y un espinoso sudor frío.

Interesting Drug


Pequeños y enloquecidos aborrecemos,
con la misma ilusión de los enamorados,
lo que nos rodea: la música de los idiotas,
la solemnidad de la belleza. Dejamos
para nuestros menudos entusiasmos
los vicios que desbocan nuestras más
escondidas intenciones, desnudos,
sobre un lecho de polvo blanco, ala
de mariposa, nos quebramos lentamente.



img:Succi, de Monica Cook

El sabor de Astrovoy



I

Ahora que te sonríen
y desean sin engaños
mas que tu propio bien
¿dejarás de envilecerte,
astrovoy?


II
¿Te despedirás, por fin,
de lo que, con tanto ahínco,
buscaste poseer: la púber
desesperanza, la noble
insensatez, el miedo
temerario?


img. tomada de ffffound

Melopea

Me confino a las vibraciones de la música,
los metales me deslizan sobre el brillo
afilado de una noche cerrada, camino
al ánimo sutil de las siluetas violáceas
que dejan los cerros en el horizonte,
difumino el desierto con la punta de mi dedo
y dejo para mi arruinada sensibilidad
los exabruptos del instinto.

Las huellas de astrovoy I


(before science fiction)

Caminaba sin piso
no era de ensimismados
mas bien de embarrados
por la más pura atracción
—asteroide chernóbil

Decía: “Mi delicada apatía
flor mórbida de la belleza
gusta de podar
cualquier brote
de entusiasmo”

Sobre un cráter de lago pensaba:
“Si te roe cualquier ansia
ensuciándote con tu propia pus
los dedos y los bigotes
es porque Has llevado
la cabeza de medianoche vacía
entre las piernas rengas
que evitan sostener
tu infructuosamente
derramado cuerpo “