Cartola


"En la sala de grabación, los rostros de los Barão Vermelho lucen fatigados, Dé pierde el ritmo con el bajo y arruina la canción Porque que a gente é assim. Cajú lo consuela, lo abraza dándole un beso de hermano y le dice, solemnemente, que los errores son fundamentales. Frejat propone fríamente pasar a otro tema y continuar con el ensayo. Cajú responde cantando O mundo é um moinho y los anima a tocarla, dejarse llevar, divertirse. Con la guitarra en ristre, Frejat se opone, quiere continuar con otro tema del Maior abandonado. Cajú insiste. He allí el varón rojo deshaciéndose. Nadie quería ser Cajú. Frejat se lo hace notar, son un grupo de rocky y los grupos de rocky no tocan samba. Cajú finaliza con el ensayo y el grupo cantando a capela la letra más bella, desolada y desesperanzada que, por supuesto, sólo puede componer alguien tocado por los dioses, Cartola: preste atenção, querida / embora eu saiba que estás resolvida / em cada esquina cai um pouco a tua vida / e em pouco tempo não serás mais o que és / preste atenção, o mundo é um moinho / vai triturar teus sonhos tão mesquinhos / vai reduzir as ilusões a pó. Ouça-me bem, amor / preste atenção, querida / de cada amor tu herdarás só o cinismo / quando notares estás à beira do abismo / abismo que cavaste com teus pés."

*Del film Cazuza - O tempo nao para, 1994.


**Los dejo con el maestro Cartola cantando O mundo é um moinho; y aquí la versión de Cazuza.

Oda Neperiana



No hay nada que le podamos ocultar a nuestra señora la mestiza de Lazarte si está sobre nosotros donde tan fácil para ella es penetrarnos y dejarnos retorcidos tal moscas aplastadas moscas verdes y amarillas moscas de la fruta virgen  la de  medianoche la de Daniel Santos ante la cual se prenden estrellas entre velas al pie de un manto cristalino nuestra señora que amó a la sombra temblorosa en la floresta derretida de Endimión el flaco


(su carita es de yute fosforescente así debe ser el sol devorado entre sus venas su accidentada faz traza el palpitante camino para el conejo lunar qaqcha maki de la tarde a punto de saltar lejos de la noche)

lo que nos repudia del brillo de nuestra señora es su origen la copula imposible que la marca es que ella no debería tener impedimento para realizar obtener cazar lo que desea poseer su deseo las nalgas de Endimión el flasco con los dientes privilegio de dioses aquella frustración que la viscosa tradición de los neo-ge-latinos atribuyen a diana una aberración a la divinidad presunción antropocéntrica total somos el ombligo salido del universo mis gases crean galaxias nebulosas gusanos supernovas alimañas que nos reptan entre las piernas mientras soñamos

para eso y contra aquello
mis sencillos y devotos padres me ofrecieron
a nuestra señora
y su manto
rasgado como las olas nocturnas que cubren la cabeza
del mago de la sinestesia Verástegui
el negro peregrino de la ideia
cayendo en cascada
deshaciéndose en espuma
no muy lejos
del sapo que tritura flores de azahar en su mortero
con el que nuestra señora domina
y perfuma las mareas

para ella que todo sea amor no es una presunción descarada sólo para nosotros como bien lo advirtió con irónica rebeldía un cavalo chamado Agenor quien dio al amor ese cuerpo transparente que damos forma con la vacuidad y la plenitud de nuestro cansancio aunque al propio Agenor nunca le bastó
siendo exagerado
de más
fue su densa fragilidad la bruma el sudor de la tarde le devoró la belleza y se la fue chupando chupando como una experimentada felatriz

nuestra señora a la par que la parca mora en gotas sobre nosotros podría ir chupándonos la carne ahora mismo secándonos lentamente desde cada poro sin que nos diéramos cuenta con cada bocanada llevándonos a nuestra mínima magnitud un cascarón de barro seco al ocaso al viento de los metales lanzando por cortesía
polen que es ceniza

(tus pestañas vuelan igual
a las plumillas dientes de león
cuando las soplo)

ese poema de Jorge Eduardo
le dije a la de gruesos tobillos
empieza donde se abre un cuerpo
al que nunca pudimos entrar
sentados en un parque
hablando a buen recaudo
de nuestra señora que nos abraza
lanzando volutas de humo azulado
como medida de toda transfiguración
—la gente está loca!—



img: tomada de ffffound!

Exitus


Gracias a la idea de S, hemos colaborado para hacer un collage de fotos con todos nosotros para la buena de QWERT. La idea es hacerle sentir que la queremos y la vamos a extrañar. Ayer por la tarde tuvimos el primer boceto del collage, era un amasijo informe de fotos pegadas sin orden ni concierto. Al pedir mi opinión no pude dejar de ser honesto. Les dije que era demasiado caótico y que me producía un vértigo atroz. Es más, agregué que, considerando el delicado estado de QWERT, probablemente terminaría vomitando cuando viera la muestra de nuestro aprecio. Aclaré, por supuesto, que el vomito no se produciría por los fotografiados, fantoches oficinistas hembra y macho, sino por la desordenada disposición de las imágenes. Ante mi implacable crítica, mis queridas S, C y C me encararon a quema ropa, con justa razón, que entonces debería proponer cómo se verían mejor las fotos de 40 personas en una hoja A4. Con todo el cariño del mundo por QWERT, mi sugerencia sólo se refirió a las letras que componían la dedicatoria y el acróstico con su nombre. Un listado de sus cualidades, muy ciertas todas. Sólo propuse un retoque, un detalle. El acróstico lo concibió G, tenía su toque, una nota alta, una corchea negra y elegante. Finalizaba con la mansedumbre y jovialidad de QWERT inundando nuestra mirada y dejándonos por simple física los ojos llenos de ondas, suaves olas, como las que produce la caída de una hoja sobre un estanque. Sin embargo, a mi modesto parecer, la idea del acróstico no resonaba en toda su plenitud. Como la mirada no es lo mismo que el corazón, ya que es sólo su reflejo, propuse el cambio prestidigitador. Corazón por Mirada. QWERT hace vibrar nuestros corazones fue el mensaje final del acróstico y mi humildosa contribución. Corazón por Mirada. Concedo que el lector con dos dedos de gusto haga una casi mueca, un mohín de repulsión. Entendería, incluso, su desprecio, pues yo mismo he tapado los pequeños chorros de sentimentalismo con garrafas de humo fino y anémicas actitudes cínicas. Obviamente, todo eso sólo me ha dejado embarrado con la mirada desaprobatoria y el rictus rígido de mi auditorio. Como sea, mi contribución es de corazón, no tan vasto y brillante como el de QWERT, quien sin duda se lo merece todo, y no sólo desde ahora, que está en el umbral de su exitus, el que ya nos tocará, sino siempre.






POSDATA


Lamentablemente, QWERT nunca vio la muestra de nuestro profundo aprecio. Su exitus, a pesar de esperado, fue repentino y sentido. Ahora vive en nuestros corazones.

A quien todo le duele es porque viaja sentado


Las versiones del mundo son barcos que navegamos con cierta presunción de creer que en él llevamos a los nuestros, aunque lo usual es que la mayoría, por querer viajar acompañado, aborde la finca más grande y espaciosa y otra vez glande, donde todos lleguemos sentados sólo con rozarnos o darnos una que otra mirada escondida, digna de traficantes de órganos humeantes. Estos barcos tienen que sortear escollos y costras levantadas, o sea, lo que hay debajo de ellas, sangre seca y revuelta como medusas en la arena. No zozobrará si te amarras a su mástil y te vuelves su eje, lo que la equidistancia del cielo y el mar, lo blanco y lo azul o azul y amarillo. Ahora bien, hay que reconocer que cada embarcación, como a cada pescado le pertenece su hedor, le corresponde una singular naturaleza, ya sea de madera o de plumas y/o ambas. Ello es la vorágine de los indecisos, leporelos crudos, quienes al optar por una resolución deben atravesar muros de marejadas enhiestas, una fila de pelillos erizados, tal partisanos a punto de ser fusilados, por la electricidad del cuarto menguante. Y no sólo eso, sino que tendrán que esquivar los escupitajos, desde las esclusas, de los lirondos caballitos de mar, leporelos cocidos y fosforescentes, buenos para nadar en cualquier rugosa superficie: una mano roída por los gusanos o una ensalada de queloides en la cara. ¿Acaso puedes brillar sobre una mesa de plumas o en su defecto volar con astillas en la silla? Si tu respuesta es sí, entonces, infecta alma caritativa, llévame en tu viada.

Charly



Gato de Metal


Yo soy un gato de metal
vivo en un agujero
tengo una ansiedad
como de año nuevo.
Nunca sé dónde estoy
nunca sé dónde voy
tengo miedo de la escena de la calle
tengo miedo que en la calle no haya nadie
esa es la rapsodia
de los que decoran el tiempo.
Por eso vivo en los tejados
viajo en subterráneo
amo a los extraños
mi comodidad sólo es mi aventura
nunca será igual
nunca nada dura.
Vos te querías comprar un perro?
pero soy un gato
Vos te querías comprar un perro?
pero soy un gato.


* del Filosofía barata y zapatos de goma (1990)

Lista insulsa con juicio estético


1.- Rechacé las habitas fritas de Alicia en el país de las delicias, pues hoy a mis muelas las siento blandas.

2.- Desayuno de media mañana; brownie de la risa con pecanas pasas y el amor maternal de mi compañera de oficina es un tamal grande.

3.- Mi estómago naturalmente es el mar rojo; en él zozobraría cualquier embarcación con nombre de mujer

4.- Y el efecto del brownie que llega piano.

5.- Pianissimo.

6.- De pronto me hallo en una marea de mesetas.

7.- Exagerado ya me conquistó.

Magoa

I
Me pregunto
si me despertará
la luna
antes que desaparezca
como una moneda
en el bolsillo

II
la amistad de las polillas
a fines del verano
es señal del buen
augurio su vuelo
es humo
donde se refleja
desenfocado y
desafinado

III
mi sino
está
en la silueta afilada
de los cerros
mi edad para ellos
es un guiño un raspón
el estornudo con el que
dispersan las generaciones

Exoesqueleto



Yo sólo soy un medio
un conducto tendido a lo largo
de la herida Soy hueco
como un cable de electricidad
Me lleno con lo que me toca
puedes atravesarme con una sonrisa

El dorado era un chamo
que perdimos una noche
en el humo de nuestra desbocada amistad

La hija de la lágrima es una gota de mercurio
dorada por la luz de charly júpiter y la cruz del sur


*imag: exoesqueleto de erizo de mar proporcionado por la dadora de parabienes, joanina

Sólo si fuera de a dos


Las gasas de la amistad no se deberían manchar con el deseo.
Mi deseo me hace naufragar. Me enturbia con su disposición
a la caricia, al juego suave. Y una caricia zozobra cuando no hay deseo.


imagen tomada de FFFFOUND!!!!

Retrato de familia

El padre ensucia
la bien dispuesta mesa
la madre funciona bien
la hija se transparenta
por la abundante regla
el hijo humea
su indiferencia

Nadadora de tabaco



Salir a flote no es fácil en una oficina que parece una cuyera siniestra. Trabajamos recluidos de la luz natural, inhalando nuestras exhalaciones y demás tóxicas emanaciones, esquivando cual contorsionista los verduguillos helados que nos lanza, si no nuestros compañeros, el malogrado aire acondicionado. El que menos tose. Maconinha, por ejemplo, que lleva un cinturón de huayruros para evitar el mal de ojo sobre su antífona, tiene accesos de tos tan fuertes que no es raro verla mudar su habitual palidez pintarrajeada a un tono violeta parecido a la tísica flor de papa. Como decía, no es fácil salir a flote de este pantano de pantallas sino fuera por la música que me acompaña en mis horas de hastío, es decir, de trabajo. Ahora mismo navego la gitana península de los metales con Beirut y su Gulag Orkestar. En ella confino mis afilados huesos y mis escasos minutos de lucidez se van flotando. Así pierdo el tiempo con la sensibilidad agudizada por mi falta de vergüenza. Ya se ve que la naturaleza humana es sabia, compensa nuestros inefables yerros con imaginarios atributos. En todo caso, puedo decir que soy tan ligero que la música resulta suficiente para hacerme flotar por sobre mis compañeros de oficina. Desde aquí los veo tan pequeñitos como hormigas ajetreadas, corriendo de un lugar a otro, envueltos en cosas tan dulces e insignificantes como redactar memos y oficios inútiles. o sea, basuritas melosas con las que se entretienen los oficinistas y, claro, las moscas. En medio de esas corrientes oscuras, por las moscas, me encontré con G, alta y robusta, y con la medida justa de audacia para vestir. Verla envuelta en un manto morado sobre un vestido negro de falda larga anudado por un cinturón andino muy colorido, que debe tener algún nombre quechua que aun no puedo memorizar, es una experiencia antropológica. G tiene la talla del lanzón monolítico de Chavín, así que verla con lo dicho puesto te da la sensación de estar viendo venir un elegante lanzón directamente a tus narices, es que su aprensiva belleza se impone de golpe, rotunda y sonora como una cachetada. Aunque al parecer de mis queridas amigas de oficina, G sólo se ve armoniosa, en especial, cuando más arriesgada es su indumentaria. Como sea, a parte de compartir el color modesto, G y yo tenemos la misma pasión por la música. Gracias a ella puedo dejar esta oficina bajo mis pies, y dejarme llevar por sus perfumadas volutas de humo de tabaco, pues, mi querida G es fumadora, y no cualquier fumadora, sino de la vieja guardia, y no por edad, malpensada lectora, sino por nadar, teniendo en cuenta que el alma adora nadar, según Michaux, a quien le creo más que a mi confesor, el purísimo alcohol. Porque con G no se conversa, se nada, así de agradable me resulta hablar, perdón, digo nadar con ella. Mi nado con G no sólo estimula la parte más pequeña y volátil de mi cuerpo, mi mente, sino toda su escueta presencia. Me baño de ella, me inundo de ella, de su atención prestada, de su humo, parte importante de su misterioso encanto, y de su talla. Le comparto mi música porque sé que luego voy a poder obtener toda su atención. Me escucha hablar sobre esta música celestial con la misma concentración que ponen los curas cuando, cual gatos al hacer sus necesidades, dan oración. Su sensibilidad sin duda le viene de su vocación por el arte, pues, además de ser madre de cinco adorables criaturas, a quienes cuida con el mismo esmero con el que trabaja, G es pintora.

Patricio


Gracias, Deuses,
por darme la tranquilidad
del ocio,
apenas iluminado por la
lumbre de mi pipa shipiba
y el humo de mis ojos,
la tranquilidad que es
también heredad
de mi familia,
mágica
sanadora
estelar,
el apacible remanso
para la sombra temblorosa

(jaenense en una hamaca = paisaje del espíritu)

Azul
como ojeras
de mujer

Juan Arvizu

Juan, las ojeras
de la chica verde, vegetariana
por su infinita bondad,
no eran azules sino
violáceas y su perfil
se me hacía dibujado
con tinta china, mas
nuestra amistad,
lontana, era
como esas nubes
de polvo que se levantan
en el desierto,
esfumando
el horizonte.

Confesión de Ricardo de Loureiro


(...)
-Ah, mi querido Lúcio -me dijo también el poeta-, cómo siento la victoria de una mujer admirable, tendida sobre un lecho de encajes, mirando su carne toda desnuda ... esplén­dida ... rubia de alcohol! La carne femenina, ¡que apoteosis! Si yo fuese mujer, nunca me dejaría poseer por la carne de los hombres triste, seca, amarilla: sin brillo y sin luz ... ¡Sí! Con un entu­siasmo espasmódico, soy todo admiración, todo ternura, hacia las grandes libertinas que enmarañan sus cuerpos de mármol con otros iguales a los suyos, femeninos también; dorados, suntuosos ... Y recuerdo un deseo perdido de ser mujer; al menos, para esto: para que, en un encantamiento, pudiese mirar mis piernas desnudas, muy blancas, deslizándose, frías, bajo una sabana de lino ...
(p.55)

(...) no puedo ser amigo de nadie... No proteste... No soy amigo suyo. No he sabido nunca tener afectos -ya se lo he contado-, solo ternuras. La amistad máxima, para mí, se traduciría únicamente por la mayor ternura. Y una ternura trae siempre consigo un deseo cariñoso: un deseo de besar... de estrechar... En fin: ¡ de poseer ! Pero yo, solo después de satisfacer mis deseos, puedo sentir realmente aquello que los ha provocado. La verdad, por tanto, es que mis propias ternuras nunca las he sentido, solo las he adivinado. Para sentirlas, es decir, para ser amigo de alguien (dado que en mí la ternura equivale a la amis­tad) forzoso me sería antes poseer a quien estimase, mujer u hombre. Pero a una criatura de nuestro sexo no podemos poseerla. Luego yo solo podría ser amigo de una criatura de mi sexo, si esa criatura 0 yo cambiásemos de sexo.
»Ah, mi dolor es enorme: todos pueden tener amistades, que son el amparo de una vida, la «razón» de toda una existencia: amistades que nos consagran; amistades a las que, sinceramente, correspondemos. Mientras que yo, por mas que me esfuerce, nunca podré corresponder a ningún afecto: los afectos no se mate­rializan dentro de mí. Es como si me faltase un sentido, como si fuese ciego, como si fuese sordo. Para mí, se ha cerrado un mundo espiritual. Hay algo que veo y no puedo comprender; algo que palpo y no puedo sentir ... Soy un desdichado ... un gran desdichado, créame!
»En ciertos momentos llego a tener asco de mí. Escuche.
¡Esto es horrible! ¡Frente a todas las personas que sé que debería estimar -frente a todas las personas por las que adivino ternuras- me asalta siempre un deseo violento de morder sus bocas!. Cuántas veces no he contenido el anhelo de besar los labios de mi madre...
Sin embargo estos deseos materiales —aún no se lo he dicho todo— no crea que los siento en mi carne; los siento en mi alma. Sólo con mi alma podría matar mis anhelos enternecidos. Sólo con mi alma lograría poseer a las criaturas que acierto a estimar, y satisfacer así, es decir, corresponder sintiendo a mis amistades.
(p. 58)



*Tomado de La Confesión de Lúcio, novela de Mário de Sá-Carneiro, Calambur editorial, 1996. Trad.: Ángel Campos Pámpano.

La armonía, me parece


La armonía, me parece, es un artefacto oriental. Por ejemplo, cuando dicen del paso de la edad: sombras de cerezos en flor atavían mi camino de regreso; se alude, ciertamente, al recuerdo de la juventud, la plenitud del cuerpo y quizás a la ilusión que de sí se tiene el espíritu. Pero lo cierto es que lejos estoy de mi plenitud y sobretodo la de mi cuerpo, una cadena de cerros áridos y violáceos va dejando mi sombra como dejo en estas líneas cabos sueltos, nudos de cabellos, puertas abiertas por las que se desenrolla una madeja de hilo pescador que sigo hasta mi lectura, Ou Yang Hsiu, me ofrece un remanso para mis pies que he descuidado sin clemencia, lo pisado ha hollado su humanidad y no he seguido más que espejismos que bailan cual flama en pistas deterioradas sobre las que he chapoteado con un sentimiento desconocido, parecido a la... 

Lavativa de un hipocondriaco



Ahora que la enfermedad me obliga a lavarme el cuerpo en el lavatorio del baño, me siento como una doncella pudorosa que se lava el cuerpo por partes para evitar la completa desnudez. Mostrando solo la piel que será restregada por la esponja y la espuma, me cubro el resto del cuerpo con la ropa y evito así que el frío perjudique más mi deteriorada salud. El frío que para la doncella que me figuro es el mozalbete cualquiera que sólo puede aparecer de mi exacerbado pudor, quien, en realidad, es nadie en particular, porque nadie hay en esta parte del bosque que acoge la madurez, marchita ya, de mis colgantes genitales.


imagen: rembrandt "diana tomando un baño"

Apéndices





Cuando me encuentro en medio de una reunión rodeado de personas que apenas conozco, no puedo evitar sentir que algunas partes de mi cuerpo sobran. Casi siempre son los brazos. Si estoy sentado o de pie nunca sé cómo disponerlos, no sé si dejarlos en reposo, cayendo a mis costados o cruzarlos sobre mi pecho, medio anudados a la altura de mi exaltado corazón. Me digo: son ellos los que están de más en mi y no yo. Así, para terminar con esta incomoda sensación de no saber qué hacer con ellos, y a fin de darles alguna utilidad, me acerco al mozo, pero, cuando estoy tomando el salmón mis manos lo hacen con tan poca pericia que éste termina en el suelo, dando de degustar al paladar del diablo. Ciertamente el accidente lo atribuyo a la sofistificada presentación del bocadito. El segundo intento de incorporar mis sobrantes brazos a mi cuerpo se da con el mozo de los vinos. Tomo la copa sin titubeos, asegurándola con las dos manos, más éstas, díscolas ya, vierten el líquido granate sobre mi camisa celeste dejándome un lamparón oscuro, cual mancha de beodo incontinente, y todo ante las revoloteantes miradas de tantas personas que apenas conozco.


Imagen tomada de Freaks.

Nadadora de Agenor Azul e Amarelo


Para Tania, esse cara
Yo me sumerjo
y usted no me creerá
en aguas turbias
y tersas de aspas tibias
cristalinas cual orina Allí
rodeado de líquido
violáceo me despliego
malva ondeo expandida
como todos
cuando creemos realmente
en la noche y crecemos
dando mordidas
a la piel que nos abriga
de la oscuridad,
generalmente los dulces
focos infecciosos de la belleza
equilibrista, baby lonest
ninfa do asfalto.
Pero sucede
y usted no me creerá
que entrego mi cuerpo
a plazos ingratos mas resistentes
como un hueso sin roer
que el humo deshace
perto do fogo Allí, y usted
no me creerá, me encuentro
con mi chalina verde
en el ombligo del huracán
y en el pecho un gavilán

Narciso


El narciso piensa que merece ser adorado porque si él fuera otra no amaría a nadie más que a esa imagen mental que tiene, siendo él, de sí. Siendo otra se enamoraría no de sí, sino de la imagen esa que se refleja sobre las oscuras aguas de su cabeza. El problema del narciso es que no concibe la otredad. Su individualismo es absoluto, casi rozando el ideal cínico, lo que ya resulta patológico, pues el cinismo hace uso de un recetario moral basado en el cultivo de los antagonismos de lo socialmente aceptado, el anfo y dinamita que echa por los aires vacuos convencionalismos, moral de tartufos, diría el buen M. Onfray. Cuando el narciso se piensa así mismo se ve como el único ser de la tierra que merece ser regado con la adoración del otro, en ciertos casos, no precisamente por su belleza exterior, es decir, un espejismo adolescente.